jueves, 18 de noviembre de 2010

BLOQUE II

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Esta es la forma como creemos que se formó el Sistema Solar.


Hace 4.600 millones de años una porción de gas y polvo de la Vía Láctea comenzó a condensarse, colapsando bajo su propio peso. En el centro se formó nuestro Sol, el cual absorbió el 99:8% de la materia que lo rodeaba. El resto formó un disco delgado de gas ypolvo que rodeaba a la naciente estrella. La alta concentración de materia en el Sol creó condiciones de alta presión y temperatura suficientes para desencadenar reacciones de fusión nuclear. Las cosas allí se pusieron realmente calientes. Sólo los minerales con alto punto de fusión pudieron sobrevivir en cercanías del Sol, por lo que en esta zona sólo se pudieron formar planetas pequeños: Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Pero más allá de la llamada "línea del hielo" también se encontraban metano y agua en forma sólida, por lo que se pudieron formar planetas más grandes como Júpiter y Saturno que pudieron atrapar moléculas gaseosas, principalmente de hidrógeno. Y más afuera, los gigantes helados, Urano y Neptuno.

Hasta aquí todo parece claro y nítido, pero aún quedan muchas dudas en este modelo. Una de ellas tiene que ver con la manera como los pequeños fragmentos de roca pudieron unirse para formar los planetas, a pesar de la fuerza opuesta que debía ejercer el gas que los rodeaba. Otra tiene que ver con el hecho de que no hay planetas gigantes en cercanías del Sol, como sí se observan en muchos sistemas extrasolares. La presencia de uno de tales objetos podría haber causado que uno o más de los planetas pequeños (la Tierra incluida) fuera expulsado del Sistema Solar. Más bien, lo que parece haber sucedido es que una particular conjunción entre Júpiter y Saturno produjo la expulsión de Urano y Neptuno hasta las lejanas órbitas que ahora ocupan. Es una suerte que no hayamos sufrido el mismo destino.

. ¿Es nuestro Sistema Solar único?

Hasta la fecha se han detectado unos 280 sistemas extrasolares, casi todos muy diferentes del nuestro. La mayoría de los exoplanetas (planetas extrasolares) descubiertos son gigantes gaseosos, con tamaños que oscilan entre los de Neptuno y Júpiter, pero que orbitan muy cerca de sus estrellas.

Según el modelo estándar para nuestro Sistema Solar (que vimos al comienzo de este artículo), los gigantes gaseosos no deberían formarse tan cerca de las estrellas que les dan origen. Otro misterio es porqué estos gigantes giran en órbitas muy elípticas en comparación con las órbitas casi circulares que siguen nuestros planetas alrededor del Sol. Otra diferencia es que 9 de cada 10 sistemas extrasolares parecen tener cantidades mucho mayores de polvo que el nuestro. Se considera que dicho polvo es el remanente de colisiones cometarias catastróficas durante la vida de estos sistemas, lo que desde luego tiene implicaciones muy peligrosas para cualquier forma de vida. Tal parece que en ese sentido, también somos una excepción afortunada.


¿Cómo terminará nuestro Sistema Solar?

Vivimos tiempos poco interesantes. Aparte de todo el movimiento que hubo al comienzo del Sistema Solar, la migración inicial que sufrieron algunos planetas, y los ya conocidos impactos cometarios, nuestro vecindario marcha como un relojito. Pero esta dicha no durará por siempre.

Desde luego que nuestro Sol morirá, pero hay una probabilidad de más o menos un dos por ciento de que suceda una catástrofe antes de dicho evento. Marte podría acercarse demasiado a Júpiter y terminar expulsado del Sistema Solar. Y si eso no los asusta, entonces déjenme contarles que el pequeño Mercurio podría enloquecerse y terminar chocando con la Tierra. Entre tanto, el Sol continuará su ciclo vital. En dos mil millones de años se volverá tan caliente y brillante que la vida será imposible en la Tierra, pero en cambio las condiciones en Marte (si es que aún sigue donde está) serán ideales para la vida.
Pero el Sol se seguirá calentando hasta que la vida en Marte (si es que logra desarrollarse) también se extinguirá. Convertido en una estrella gigante roja, el Sol engullirá a Mercurio, Venus y (según simulaciones recientes) también la Tierra. Pero será entonces el turno para la vida en las lunas heladas de Júpiter y posteriormente para Titán, la gigantesca luna de Saturno. Para entonces, los hipotéticos seres vivos de estas lunas verán un cielo diferente, pues nuestra Vía Láctea se habrá fusionado con la vecina Andrómeda y se habrán convertido en una sola Lactómeda. Pero su destino también estará sellado, pues al final nuestro Sol se encogerá para terminar convertido en una pequeña enana blanca.

Pudiera ser que Urano y Neptuno nuevamente fueran expulsados, esta vez de manera definitiva, por la gravedad de Júpiter y Saturno. O que el paso de alguna estrella vecina terminará por expulsar a cualquiera de nuestros planetas, Júpiter incluido. El futuro será incierto, pero ciertamente no será para nada aburrido.

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